Violencia de genero prostitutas prostitutas victorianas

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La doctora Margaret Cleaves, ejemplo de mujer intelectual paciente de neurastenia, escribió su autobiografía, Autobiography of a Neurasthene, en Cuando se implantó la regulación de la prostitución en París partir de , el espéculo se convirtió en el instrumento para controlar si las prostitutas sufrían enfermedades venéreas.

Su uso atentaba contra el pudor y la modestia de las jóvenes, y podía provocar el temido furor uterino y la prohibida masturbación femenina. Muchos autores escribieron en contra del espéculo. Tomemos, a modo de ejemplo, las palabras de Robert Brudnell Carter, autor de un importante estudio sobre la histeria publicado en Debemos referirnos muy especialmente a la cirugía ginecológica.

Durante la primera mitad del siglo se limitaba a la extirpación de pólipos, y otras intervenciones menores. McDowell operó en el salón de su casa a Jane Crawford, quien había viajado durante dos días a lomos de una caballería desde su granja.

McDowell conocía las opiniones del famoso cirujano John Hunter y de su profesor en Edimburgo, John Bell, a favor de la ovariotomía, así como las grandes dificultades que entrañaba. No existiendo anestesia, la enferma resistió la operación cantando salmos.

Este informe fue recibido con escepticismo por algunos doctores, pero influyó positivamente en otros. Y así, John Lizars , alumno asimismo de John Bell y cirujano y profesor de Anatomía y Fisiología en la Universidad de Edimburgo, procedió a realizar la primera ovariotomía en Gran Bretaña en , en una paciente de veintisiete años que presentaba un vientre muy abultado. La paciente sobrevivió, pero Lizars había cometido un grave error: Las tres mujeres que operó a continuación murieron tras la intervención.

Entre y el Doctor Augustus Granville, Presidente de la primera Sociedad de Obstetricia realizó otras dos operaciones sin éxito. El doctor americano J.

Este padecimiento sometía a la mujer a una situación de sufrimiento e invalidez al provocar una pérdida continua de orina. Ha recibido numerosas críticas, siendo acusado de haber utilizado a las esclavas negras para investigar y de despredicar a las mujeres, por la frase incluida en su obra "The Story of my Life": En , fundó en Nueva York el primer hospital para mujeres del mundo.

El tratamiento de la mujer durante el embarazo, el parto y el post-parto. La polémica de los hombres-comadrones. En aparece por vez primera en Inglaterra un sistema de control formal de las comadronas.

Era la Iglesia quien proporcionaba la correspondiente licencia, teniendo en cuenta la moralidad y religiosidad de la candidata. Existía una gran preocupación por que las comadronas no administrasen abortivos a las embarazadas y por que no practicasen brujería utilizando las placentas y los recién nacidos muertos. Las candidatas debían aportar varios testigos, entre ellos seis matronas a las que hubieran atendido en sus partos, para dar fe de su habilidad profesional y, en ocasiones, el testimonio de una comadrona con experiencia.

Tras obtener la licencia, debían realizar un juramento,. The oath prohibited her from giving abortifacients, concealing information about birth events or parentages and practising magic rites. En el Anexo I se incluye copia del juramento que debían formular las comadronas en Inglaterra, en el siglo XVII, para obtener la correspondiente licencia.

Los cirujanos sólo intervenían en casos de partos de gran dificultad. Existían tres casos principales de riesgo en el parto: En los dos primeros casos, generalmente intentaban colocar al feto y extraerlo tirando de una pierna. Cuando la estructura de la pelvis impedía absolutamente el parto natural, se practicaba la craneotomía, o embriotomía, a fin de extraer el feto y tratar de salvar a la madre. Usually the foetus was dead. A partir de , comenzaron a usarse nuevamente los fórceps.

Este instrumento había sido inventado por la familia Chamberlen a principios del siglo XVII, manteniéndose como un secreto de familia hasta aproximadamente. A partir de , se extendió el uso del modelo de fórceps del francés Dusée.

Hasta el año , las mujeres habían podido ser admitidas en la Compañía de Cirujanos mediante aprendizaje o patrimonio y otras habían recibido licencia de cirujanas otorgada por el Obispo, pero pocas comadronas utilizaban fórceps. De esta forma el uso de dicho instrumento quedó ligado fundamentalmente al doctor, el denominado man midwife que desplaza a la comadrona en la atención al parto desde la segunda mitad del siglo XVIII. Pero debemos también señalar aquí que existió una fuerte oposición a la figura del "man midwife" en nombre, al igual que en el caso del espéculo, del pudor femenino, llegando a considerarse que era una forma encubierta de adulterio.

Así afirmaba George Morant en , en su libro, dirigido a los esposos, "Hints to Husbands. Una de las grandes causas de muerte en la mujer eran las fiebres puerperales, o infecciones subsiguientes al parto. Durante el siglo XIX, siguiendo la tendencia de los hospitales especializados, se crean distintos hospitales de mujeres donde se atienden no sólo trastornos ginecológicos, sino también mujeres que sufren enfermedades crónicas.

Así encontramos el Hospital for the Diseases of Women, creado en ; el Chelsea Hospital for Women, creado en , y, el New Hospital for Women, fundado en por Elizabeth Garrett, así como las salas de ginecología y obstetricia de los hospitales generales, como "St. Ilustrativa es la historia de Ignaz Philipp Semmelweis.

En febrero de , Semmelweis ocupó el cargo de ayudante en la primera clínica de obstetricia de Viena. Durante su primer mes de trabajo murieron treinta y seis mujeres de las doscientas ocho que dieron a luz.

Semmelweis se sensibilizó ante el tema, al contrario que el director de la clínica, el profesor Klein, quien aceptaba la muerte por fiebre puerperal como algo fatídico e inevitable, consecuencia de los miasmas del ambiente.

Existían dos subsecciones de obstetricia, una atendida por comadronas y otra por estudiantes de medicina a cargo de Semmelweis. Se dedicó con ahínco a estudiar el tema, realizando autopsias de las mujeres fallecidas.

Finalmente llegó a descubrir, al observar la patología sufrida por su compañero, el forense Kolletschka, quien murió tras cortarse accidentalmente con un bisturí durante una autopsia, que las mujeres contraían la fiebre puerperal al ser contagiadas por los propios doctores y estudiantes que las atendían con sus manos sucias tras haber pasado por la sala de disección. Semmelweis exigió inmediatamente que todos sus estudiantes se lavasen las manos en agua clorada antes de entrar a la sala de partos.

Posteriormente, descubrió que la infección se transmitía también de un organismo vivo a otro. Ello le llevó a exigir una higiene rigurosa, el aislamiento de enfermas con procesos infecciosos, etc.

Cuando sus descubrimientos comenzaban a divulgarse, la rivalidad política y profesional llevó al director Klein a expulsar a Semmelweis, quien continuó su investigación en la sección de obstetricia del Hospital San Rafael de Budapest. En , el tocólogo francés Deleury informó sobre una operación en que la madre había salvado la vida, caso excepcional, pues las mujeres vivas en que se practicaba morían bien por hemorragia interna, bien por infección.

Gran importancia tuvo la aplicación del cloroformo al parto, realizada por el ginecólogo de Edimburgo Jessie Simpson en , tras comprobar que si bien la madre quedaba dormida y no percibía sensación dolorosa alguna, las contracciones uterinas se seguían produciendo.

Simpson tuvo en contra la opinión de distintos doctores, entre ellos Montgomery, jefe de la Escuela de Obstetricia de Dublín, y de la Iglesia. El argumento fundamental era el mantenimiento de la condena divina sobre la mujer, ligando la transmisión de la vida al dolor. Sería un hecho político el que haría que el parto con anestesia fuese socialmente aceptado. El 7 de abril de , la reina Victoria dio a luz a su cuarto hijo, el príncipe Leopoldo, duque de Albany, habiéndole aplicado cloroformo el doctor John Snow.

En palabras de Elaine Showalter:. It could be compared to a game of chess And the medical ideal of a full and radical cure took the form of a kind of moral checkmate: En los casos de histeria se recomendaban tratamientos agresivos tales como: Se aplicaba muy especialmente para controlar las manifestaciones de deseo sexual, la masturbación y la ninfomanía. Al principio aplicó su operación a pacientes que sufrían trastornos ginecológicos, tales como excesivo flujo menstrual, fibromas uterinos y epilepsia menstrual, considerando que desaparecerían al provocarles la menopausia mediante la extirpación de los ovarios.

La mujer que acusa un malestar psicológico, posiblemente debido a sus condiciones de vida, la mujer que rompe la norma establecida, no es ya condenada a la hoguera, pero sí es mutilada para doblegar su rebeldía. Pese a las críticas que recibía por castrar a las mujeres, Battey presentó un informe titulado Normal Ovariotomy. Consideraba que las operaciones que él practicaba eran similares a la extirpación de ovarios con quistes, porque, aunque pareciesen sanos, los ovarios debían estar enfermos, teniendo en cuenta los síntomas que se suponía producían.

Se trató de aplicar la ovariotomía con fines eugenésicos: La operación se aplicó de forma muy extensa en Estados Unidos y en Europa. Algunos autores interpretan que muchas mujeres pudieron considerar este tratamiento como una forma de control de natalidad, en un momento en que la mujer tenía poco acceso a sistemas anticonceptivos fiables.

El ginecólogo Alfred Meadows lo propuso en como procedimiento de esterilización en casos en que un embarazo pudiera poner en peligro la vida de la madre. Los doctores que practicaban ésta y otras mutilaciones genitales aseguraban siempre haber conseguido, con gran éxito, la desaparición de los síntomas manifestados por la paciente. Sin embargo fue ampliamente aplicada primero en Inglaterra y posteriormente en Estados Unidos. Hemos visto repetidamente a lo largo del presente capítulo la obsesión de los doctores del XIX por impedir la masturbación femenina, atribuyéndole ser una de las causas de graves trastornos psicológicos.

Citemos dos libros que tratan ampliamente este tema: Eliminar el placer sexual femenino permitiendo la reproducción era transformar a la mujer que se rebelaba contra la asfixiante norma social en el ideal femenino victoriano.

En fue elegido presidente electo de la Medical Society de Londres. Baker había llegado a la conclusión de que. El trastorno aparecía en la pubertad, cuando las muchachas se mostraban inquietas, excitadas e indiferentes a las exigencias de la monótona vida doméstica. Manifestaban depresión, pérdida de apetito, dificultad para mirar a los ojos, y solían tener deseos de abandonar la casa familiar y trabajar, hacerse enfermeras o hermanas de la caridad.

Las características de las pacientes de Baker Brown eran variadas, incluyéndose entre ellas, niñas de diez años, mujeres que padecían problemas de la vista y enfermas aquejadas de histeria.

Su libro fue inicialmente muy bien acogido. El mismo mes de su publicación, los príncipes de Gales entregaron una donación económica para el mantenimiento de la clínica de Baker. El "Church Times" del 29 de abril de proponía al clero que sugiriesen la clitoridectomía a sus feligresas, en casos de epilepsia.

Muchos doctores, sin embargo, criticaron a Baker. El 3 de diciembre de se celebró en la Obstetrical Society de Londres un amplio debate sobre el tema, tras la lectura de un informe del Dr. El engaño de la paciente parece ser el problema fundamental, no el tipo de operación a que la sometía. Sin embargo, se extendió a Estados Unidos, donde se practicó durante muchos años. Todavía en , aparecía en los libros de texto americanos, junto con la cauterización de la espina dorsal y los genitales.

De nuevo el tratamiento médico reproduce el ideal victoriano de la mujer pasiva, inactiva y sometida a una voluntad ajena a la suya. Dos escritoras nos han dejado dos visiones diferentes de la denominada rest cure. Sin embargo, durante la década siguiente la población femenina recluida era ya superior a la masculina.

No parece difícil comprender las causas sociales del malestar psicológico de la mujer del siglo XIX. Al mismo tiempo se producía otro cambio. Entre y , la mayoría de las casas de reposo estaban dirigidas por mujeres, concretamente una de cada cinco casas en provincias y una de cada cuatro en la ciudad. Se desplaza a la mujer de cuidadora de la salud a paciente, receptora pasiva del cuidado médico.

Se la relega a actividades auxiliares, se la desplaza de aquellos campos que le habían sido habitualmente confiados comadronas, atención a enfermos mentales , aduciendo su falta de preparación.

Aumenta la importancia social del médico, se exige una mayor preparación y la pertenencia a las distintas corporaciones profesionales y al mismo tiempo se le niega a la mujer el acceso a la consecución de esa misma formación cuando intenta obtener los conocimientos y las titulaciones que la permitan ocupar un puesto activo en el cuidado de la salud.

The Science of Woman. Gynaecology and Gender in England Women and the Discourse of Science. El fluido femenino es negativo, su retención supone la enfermedad física y mental y, en muchos casos, la muerte; debe, por tanto, eliminarse. La mujer necesita tener una actitud pasiva e inactiva, física e intelectualmente, para permitir el fluir al exterior de su residuo menstrual; el hombre debe mantener una vida activa física e intelectualmente.

Requiere, asimismo, una continua supervisión de la madre y de la clase médica, así como recurrir al uso de distintos medicamentos y terapias para evitar la siempre amenazante enfermedad. El hombre es auto-suficiente, la mujer es dependiente. Tal era el valor de la mujer embarazada y parturienta que debía prohibirse que fuese atendida por comadronas, puesto que su presencia degradaba la obstetricia. La mujer es un ser valioso si es dependiente del hombre y se dedica exclusivamente a su función natural de esposa y madre.

Cualquier otra actividad, incluso la atención al parto, tradicionalmente realizada por mujeres, debe estarle prohibida. La mujer rica permanece aislada en el hogar, dedicada a consumir, manteniendo así la sociedad industrial y mercantilista; la mujer obrera es una mano de obra barata, pieza clave en la revolución industrial.

Se acepta siempre a la mujer en profesiones y actividades subordinadas, pero no en aquellas que puedan significar competencia con el hombre en cargos de relevancia social, profesional o económica. Dentro del mundo de la sanidad, existen actualmente monumentos en honor a Florence Nightingale, símbolo por excelencia de las enfermeras abnegadas, pero no se menciona su grito de protesta en la novela Cassandra, ni hallamos monumentos, excepto alguna discretísima placa, y el busto erigido en memoria de Louisa Aldrich-Blake en una esquina de Tavistock Square , en memoria de las mujeres objeto de esta tesis que lucharon por conseguir un título de doctoras y ejercer en pie de igualdad con los hombres.

De nuevo podemos encontrar una explicación psicoanalítica a la contradictoria visión de la mujer: Asimismo en cada mujer queda representada la dualidad: La doble moral sexual era propia de la era victoriana.

La reina mandó alargar los manteles de palacio para que cubrieran las patas de la mesa en su totalidad ya que, decía, podían incitar a los hombres al recordar las piernas de una mujer. La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Whitechapel la policía metropolitana calculaba que existían unas 1. La prostitución homosexual también existía, aunque lógicamente el secretismo en torno a ella era mayor.

violencia de genero prostitutas prostitutas victorianas La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Una de las grandes causas de muerte en la mujer eran las fiebres puerperales, o infecciones subsiguientes al parto. Prostitutas en murcia putas videos al Evangelio del domingo 28 de. Asimismo en cada mujer queda representada la dualidad: En el siglo XIX, los síntomas atribuidos a la histeria estaban fuertemente relacionados con las características que se atribuían como naturales a la mujer:. Podían existir muchos factores desencadenantes: La cirugía ginecológica Debemos referirnos muy especialmente a la cirugía ginecológica.

A mediados del siglo XIX, se establece la teoría ovular de la menstruación, que consideraba que ésta era provocada por la liberación del óvulo, coincidiendo, por tanto, con la fertilidad y el momento de mayor deseo sexual en la mujer.

Esta teoría lleva a considerar los ovarios como el órgano fundamental de la sexualidad femenina, la sede de la diferencia esencial, hasta el extremo de que el médico francés Achille Chéreau propuso cambiar la frase de Van Helmont por esta otra: Analicemos brevemente algunos de los apartados fundamentales: La época victoriana mantiene la concepción griega de la menstruación como forma de eliminación de residuos superfluos o limpieza del organismo, llegando a creer que en caso de producirse amenorrea, se originarían hemorragias vicarias de la menstruación en otros órganos tales como la nariz, las encías, etc.

Varios autores trataron incluso el tema de la menstruación masculina, entre ellos el ginecólogo inglés Alfred Wiltshire, el médico americano V. Se mantenía así un paralelismo entre el periodo de celo de las hembras de otras especies y la menstruación de la hembra humana. La menstruación y los peligros que la misma supone para la salud de la mujer es un tema permanente en los tratados ginecológicos del siglo XIX.

La menarquia era considerada un período de riesgo de aparición de enfermedades físicas y mentales: Doctors warned that moral insanity could easily begin at adolescence Recordemos las teorías de Clarke y Maudsley sobre los riesgos que entrañaba para la adolescente el estudio y la actividad intelectual. La adolescencia suponía para el muchacho la incorporación al mundo del conocimiento y de su futuro papel en la sociedad, para la muchacha era la entrada en un mundo de limitaciones y prohibiciones.

En palabras de un doctor de la época: En los casos de amenorrea, el flujo menstrual que no es expulsado al exterior puede dirigirse al cerebro causando un daño irreparable. El mayor riesgo para la salud de la mujer residía, como hemos dicho, en la inhibición de la hemorragia menstrual.

Eran muy frecuentes los anuncios de pastillas destinadas a prevenir la retención del flujo menstrual, remedio que podía venir a ser una forma encubierta de aborto.

Los argumentos en que se basa la publicidad de este tipo de pastillas giran en torno a los graves trastornos que la amenorrea supone para la mujer. Veamos, a modo de ejemplo, el anuncio de las Pastillas del Dr. El cuidado que la mujer debe poner para evitar un trastorno relacionado con la menstruación es extremo: En la obra de John Forbes, Cyclopeadia of Practical Medicine, publicada en , la lista de enfermedades específicamente femeninas relacionadas con la menstruación es amplia: Existía asimismo preocupación por el control del fluido seminal en el hombre.

Un ejemplo de enfermedad masculina construida por la clase médica del siglo XIX es la espermatorrea o emisión incontrolada de semen. Veamos qué diferencias fundamentales existen entre las dos enfermedades relacionadas con los fluidos masculino y femenino: El fluido masculino es positivo, debe ser retenido en el organismo y no debe despilfarrarse. El fluido femenino es negativo, su retención supone la enfermedad física y mental y, en muchos casos, la muerte; debe, por tanto, eliminarse.

La mujer necesita tener una actitud pasiva e inactiva, física e intelectualmente, para permitir el fluir al exterior de su residuo menstrual; el hombre debe mantener una vida activa física e intelectualmente.

Requiere, asimismo, una continua supervisión de la madre y de la clase médica, así como recurrir al uso de distintos medicamentos y terapias para evitar la siempre amenazante enfermedad; el hombre, aunque también existían remedios para la espermatorrea, se espera que sea capaz de usar su voluntad para autocontrolarse. El hombre es auto-suficiente, la mujer es dependiente. La mujer es un ser valioso si es dependiente del hombre y se dedica exclusivamente a su función natural de esposa y madre.

Cualquier otra actividad, incluso la atención al parto, tradicionalmente realizada por mujeres, debe estarle prohibida. La mujer rica permanece aislada en el hogar, dedicada a consumir, manteniendo así la sociedad industrial y mercantilista; la mujer obrera es una mano de obra barata, pieza clave en la revolución industrial. Se acepta siempre a la mujer en profesiones y actividades subordinadas, pero no en aquellas que puedan significar competencia con el hombre en cargos de relevancia social, profesional o económica.

De nuevo podemos encontrar una explicación psicoanalítica a la contradictoria visión de la mujer: Asimismo en cada mujer queda representada la dualidad: La mujer debe dejar su cuerpo fuera de todo control que inhiba la salida al exterior de su flujo menstrual, pero tiene que reprimir sin embargo su deseo sexual, siendo la manifestación de éste una de las causas de ser considerada enferma mental.

Debemos tener en cuenta que el concepto de enfermedad es una construcción mental, una nominalización, un epígrafe bajo el que la clase médica engloba un conjunto de síntomas manifestados por la persona enferma, a los que se atribuyen unas causas y unas consecuencias y para cuya desaparición se diseñan uno o diversos tratamientos. Existen enfermedades características de cada época.

Así en el siglo XIX, siglo de gran avance en la medicina y en la cirugía, se produce una medicalización de la sociedad y, muy especialmente, de las mujeres y sus procesos fisiológicos. Al igual que en los siglos XVI y XVII, la mujer, especialmente la mujer blanca de clase media y alta, es un ser débil, enfermizo por su propia naturaleza y fisiología.

Las principales enfermedades que afectan a la mujer son las relacionadas con trastornos ginecológicos propiamente dichos: La clorosis era una especie de anemia denominada así por el color verdoso que se suponía confería a la piel de las pacientes. La primera medición con éxito de glóbulos rojos no pudo realizarse hasta y no se dispuso de un instrumento adecuado para medir la hemoglobina hasta Podían existir muchos factores desencadenantes: Tanto la menstruación como la masturbación se mezclaban en la mente obsesiva de los doctores al diagnosticar la clorosis.

Así aconsejaba Allbutt en la obra citada: La joven que sufría clorosis no se diferenciaba mucho de la joven ideal victoriana: Podemos constatar esta sintomatología coincide en gran parte con el cuadro de furor uterino descrito en el capítulo II.

La anorexia nerviosa asimismo atrajo la atención tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña. Este trastorno sigue siendo de triste actualidad en nuestra época. Tanto Florence Nightingale en su novela Cassandra como Charlotte Perkins Gilman en su obra Herland , hacen referencias al ayuno como protesta contra la presión social.

Cassandra compara la falta de alimento para el cuerpo con la falta de alimento para la mente a que se somete a la joven, que muere de hambre intelectual y espiritual. Sus manifestaciones cambian en distintas épocas y lugares, siendo la fundamental una reacción excesiva y la conversión de deseos insatisfechos o conflictos internos en síntomas físicos.

La persona que la sufre no es consciente de lo que sucede y los síntomas que presenta suelen ser muy similares a los de la enfermedad que cree padecer.

Aunque también afecta a los hombres, por ejemplo en el campo de batalla, se ha considerado como una enfermedad característica de la mujer. En la Edad Media se atribuyeron con frecuencia ciertos trastornos histéricos a posesión diabólica. En el siglo XVI, Reginald Scott rebatía la atribución de trastornos a la posesión demoníaca, afirmando que las mujeres eran proclives a la melancolía, especialmente después de la menopausia.

La sangre no expulsada al exterior producía vapores que afectaban el cerebro privando a las mujeres de su sentido y juicio y haciéndoles tener alucinaciones y creerse capaces de ejercer la brujería. Paré apuntaba cinco síntomas de la histeria: Entre los síntomas incluía: En el siglo XIX, los síntomas atribuidos a la histeria estaban fuertemente relacionados con las características que se atribuían como naturales a la mujer:.

El ataque de histeria solía comenzar con dolor en el bajo vientre y sensación de obstrucción en el pecho y la garganta. A continuación la paciente sollozaba y reía alternativamente y podía sufrir convulsiones, movimientos de tipo epileptoide, palpitaciones, trastornos de visión y audición y pérdidas de conciencia. Distintas creencias de la época, tales como la cantidad fija de energía en cada organismo, la influencia de la periodicidad del ciclo menstrual y del embarazo, la mayor susceptibilidad a los estímulos externos e internos del sistema nervioso femenino, etc.

Kraepelin que el setenta por ciento de las mujeres eran histéricas. Otros, como Thomas Laycock, los ovarios, y otros, como hemos visto en el apartado anterior, los trastornos menstruales o el periodo menstrual directamente. Varios autores insistían en que la inhibición sexual y la falta de actividad de las muchachas contribuían a provocar la histeria. Entre ellos podemos señalar Bryan Donkin, quien escribió un ensayo sobre la histeria para el "Dictionary of Psychological Medicine" , en el que relacionaba la enfermedad con el organismo y las condiciones sociales de las mujeres jóvenes.

Robert Brudnell Carter escribió un importante estudio sobre la histeria titulado "On the Pathology and Treatment of Hysteria", atribuyendo dicha enfermedad fundamentalmente a la represión sexual impuesta a las mujeres.

Incluso atacaba el uso del espéculo para evitar que las mujeres buscaran en ello una gratificación sexual. Esta posición fue también mantenida por E. Existe una postura de crítica y rechazo de las mujeres histéricas por parte de los doctores. Es decir, de alguna forma, las muchachas histéricas somatizaban su oposición a cumplir pasiva y dócilmente el rol que la sociedad les imponía. La neurastenia constituía una forma de enfermedad nerviosa femenina, mucho mejor aceptada que la histeria por la clase médica y por la sociedad en general, aunque los síntomas eran similares.

Los médicos se referían a las pacientes neurasténicas como mujeres bien educadas, sensibles, que se comportaban como damas y estaban dispuestas a cooperar y cumplir las normas impuestas por su médico. En Norteamérica, la neurastenia era una enfermedad masculina socialmente aceptable, propia de los hombres luchadores en una sociedad capitalista competitiva, similar al stress de los ejecutivos actualmente.

La doctora Margaret Cleaves, ejemplo de mujer intelectual paciente de neurastenia, escribió su autobiografía, Autobiography of a Neurasthene, en Cuando se implantó la regulación de la prostitución en París partir de , el espéculo se convirtió en el instrumento para controlar si las prostitutas sufrían enfermedades venéreas.

Su uso atentaba contra el pudor y la modestia de las jóvenes, y podía provocar el temido furor uterino y la prohibida masturbación femenina. Muchos autores escribieron en contra del espéculo.

Tomemos, a modo de ejemplo, las palabras de Robert Brudnell Carter, autor de un importante estudio sobre la histeria publicado en Debemos referirnos muy especialmente a la cirugía ginecológica. Durante la primera mitad del siglo se limitaba a la extirpación de pólipos, y otras intervenciones menores.

McDowell operó en el salón de su casa a Jane Crawford, quien había viajado durante dos días a lomos de una caballería desde su granja. McDowell conocía las opiniones del famoso cirujano John Hunter y de su profesor en Edimburgo, John Bell, a favor de la ovariotomía, así como las grandes dificultades que entrañaba.

No existiendo anestesia, la enferma resistió la operación cantando salmos. Este informe fue recibido con escepticismo por algunos doctores, pero influyó positivamente en otros.

Y así, John Lizars , alumno asimismo de John Bell y cirujano y profesor de Anatomía y Fisiología en la Universidad de Edimburgo, procedió a realizar la primera ovariotomía en Gran Bretaña en , en una paciente de veintisiete años que presentaba un vientre muy abultado. La paciente sobrevivió, pero Lizars había cometido un grave error: Las tres mujeres que operó a continuación murieron tras la intervención.

Entre y el Doctor Augustus Granville, Presidente de la primera Sociedad de Obstetricia realizó otras dos operaciones sin éxito. El doctor americano J. Este padecimiento sometía a la mujer a una situación de sufrimiento e invalidez al provocar una pérdida continua de orina. Ha recibido numerosas críticas, siendo acusado de haber utilizado a las esclavas negras para investigar y de despredicar a las mujeres, por la frase incluida en su obra "The Story of my Life": En , fundó en Nueva York el primer hospital para mujeres del mundo.

El tratamiento de la mujer durante el embarazo, el parto y el post-parto. La polémica de los hombres-comadrones. En aparece por vez primera en Inglaterra un sistema de control formal de las comadronas. Era la Iglesia quien proporcionaba la correspondiente licencia, teniendo en cuenta la moralidad y religiosidad de la candidata. Existía una gran preocupación por que las comadronas no administrasen abortivos a las embarazadas y por que no practicasen brujería utilizando las placentas y los recién nacidos muertos.

Las candidatas debían aportar varios testigos, entre ellos seis matronas a las que hubieran atendido en sus partos, para dar fe de su habilidad profesional y, en ocasiones, el testimonio de una comadrona con experiencia.

Tras obtener la licencia, debían realizar un juramento,. The oath prohibited her from giving abortifacients, concealing information about birth events or parentages and practising magic rites. En el Anexo I se incluye copia del juramento que debían formular las comadronas en Inglaterra, en el siglo XVII, para obtener la correspondiente licencia. Los cirujanos sólo intervenían en casos de partos de gran dificultad.

Se acepta siempre a la mujer en profesiones y actividades subordinadas, pero no en aquellas que puedan significar competencia con el hombre en cargos de relevancia social, profesional o económica.

Dentro del mundo de la sanidad, existen actualmente monumentos en honor a Florence Nightingale, símbolo por excelencia de las enfermeras abnegadas, pero no se menciona su grito de protesta en la novela Cassandra, ni hallamos monumentos, excepto alguna discretísima placa, y el busto erigido en memoria de Louisa Aldrich-Blake en una esquina de Tavistock Square , en memoria de las mujeres objeto de esta tesis que lucharon por conseguir un título de doctoras y ejercer en pie de igualdad con los hombres.

De nuevo podemos encontrar una explicación psicoanalítica a la contradictoria visión de la mujer: Asimismo en cada mujer queda representada la dualidad: La doble moral sexual era propia de la era victoriana.

La reina mandó alargar los manteles de palacio para que cubrieran las patas de la mesa en su totalidad ya que, decía, podían incitar a los hombres al recordar las piernas de una mujer. La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Whitechapel la policía metropolitana calculaba que existían unas 1. La prostitución homosexual también existía, aunque lógicamente el secretismo en torno a ella era mayor.

Mary Simpson, prostituta de 10 u 11 años, encinta de cuatro meses. En cuanto a la manera en que se vestían las mujeres, decir que en la Inglaterra victoriana, la ropa de la mujer pesaba entre 5 y 15 kilos. Esta prenda, usada hasta principios del siglo XX, provocaba desmayos, impedía doblar la cintura y respirar con normalidad, entre otras consecuencias dolorosas.

Firmemente encorsetadas desde la axila al muslo, con cuellos de plumas de ave hasta la barbilla, las mujeres apenas podían sentarse —y no digamos dar un enérgico paseo por el parque. No todo fue negativo para las mujeres, pues el periodo medio victoriano también fue testigo de significativos cambios sociales y una serie de cambios legales en los derechos de la mujer.

Aunque carecían del derecho al sufragio durante la Época Victoriana, ganaron el derecho a la propiedad después del matrimonio a través del Acta de Propiedad de las Mujeres Casadas , el derecho a divorciarse y el derecho a pelear por la custodia de sus hijos tras separarse de sus maridos.

Heredó el trono a los dieciocho años, tras la muerte sin descendencia legítima de tres tíos paternos. El Reino Unido era ya en aquella época una monarquía constitucional establecida, en la que el soberano tenía relativamente pocos poderes políticos directos.

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